Nació en Salamina el 21 de septiembre de 1929. Murió en Manizales en 1986. Publicó los siguientes libros: La inical estación (1961), Cantando en la ceniza (1963), Los días sagitales (1966), Elegía sin tiempo (1978) y Perfiles y nostalgias (1983). En 1987 aparece una antología de su obra, La heredad y el exilio, que recoge la casi totalidad de su obra poética.
En un concurso patrocinado por el Ministerio de Educación Nacional y la Extensión Cultural de Cundinamarca se le otorgó el Premio Nacional de Poesía "Selección Poética" por su poema "Sinfonía de las lumbres ausentes". En 1977, en el concurso nacional "Agripina Montes del Valle", organizado con motivo del sesquicentenario de la ciudad de Salamina, optuvo el primer puesto.
Pienso que es un deber como salamineño darle más publicidad a su poesía, y es lo que me he propuesto hacer con esta página. Para ello cuento ahora con su libro "LA HEREDAD Y EL EXILIO", que muy gentilmente me obsequió la señora Gloria Marulanda Villegas, esposa del poeta.
Poesías que aparecen en esta página:
CANCIÓN DE OTOÑO PARA GLORIA; SI LOS MUERTOS ENTIERRAN A LOS MUERTOS; EL SOL; PAZ; ENTERRAD AMIGOS...; MIS PASOS; SINFONÍA DE LAS LUMBRES AUSENTES; NOCTURNO; SÓLO DE FUEGO; LLEVO CONMIGO UN RIO; CAMINANTE; LAS MANOS SOLIDARIAS; MI PADRE; PALABRAS; LLORAR COMO EN LA INFANCIA; TIERRA YERMA; RETORNO Y ELEGÍA. ************
CANCIÓN DE OTOÑO PARA GLORIA
Mas a pesar del tiempo terco, mi sed de amor no tiene fin. Rubén Darío
Flor ardiente y exótica del jardín de mi infancia. Espiga adolescente que aromó mi ilusión. Cruzabas como un ángel de discreta fragancia por el yermo nostálgico de mi corazón.
Tu cuerpo esbelto y grácil parecía a la distancia un lirio sostenido por la mano de Dios. Hoy, como ayer, tu imagen florece en mi añoranza, y se prende en mi oído la alondra de tu voz.
Gloria: Yo quise siempre dejar sobre tu frente un beso y un ensueño...(¡Yo me quemé en tu amor!) Como el leño encendido que ignora su ceniza, asi tu pubertad en mis venas ardió.
Ahora en este Otoño te adoro más que nunca. ¡Quiéreme, Gloria mia, ámame con pasión! Recuerda que en Otoño los labios son más ávidos, y se abren en el aire los frutos en sazón... Gocemos este tiempo de sabias plenitudes. ¡No olvides que vivimos la más bella estación...!
Junio 15 de 1981
SI LOS MUERTOS ENTIERRAN A LOS MUERTOS.
Cuando la última palabra horade la rocosa altura de los montes, flotará en el olvido el vaho pestilente de los muertos, y el sollozo punzante de los vivos. Entonces, nada ni nadie podrá medir el tiempo. Nada ni nadie golpeará la campana del silencio. Los pasos se habrán detenido para siempre, y el sueño se hundirá en la carroña espesa y crepitante de una noche: dura, ciega, ilímite. Entonces...... !Ah! !Entonces ya no tendremos sepultura! !nuestros cadáveres estarán en un lento proceso de agonía, y ya nadie podrá enterrar a nadie! Porque la tierra será el espanto de la luz. Porque la sangre desterrará el rumor del viento. Porque la voz será el eco constante del silencio.
Mediremos los pasos con la abismal caida de los párpados. Miraremos la tierra con el asombro alucinante de una frustrada primavera.
Inútilmente morderemos el odio. Avidamente volveremos el rostro a la tiniebla. En vano trataremos de huir de los hervores húmedos, que corroen los ojos ahuecando los párpados y el sexo. Descontinuada sombra. Devastadora sombra. Aplastante silencio. Aire en el silbo de la muerte. Muro de soledad: resquebrajado, borroso, vencido y sumergido en la memoria eterna del verbo naufragado. No podré desterrar ni siquiera mi sueño. Sin sueño volveré sobre el sueño, antes del tiemp y después del tiempo.
Moriré duramente en la memoria de la vida. Moriré vivamente en la vida sin tiempo de la muerte.
Si los muertos entierran a los muertos estaremos perdidos. Ya no tendremos tiempo para yacer sobre el olvido. Ya no tendremos tiempo para ver nuestros nombres huyendo como niebla desde los obituarios.
Los muertos deben ir caminando hacia el sepulcro; porque los muertos ya no podrán estar sobre los vivos, y los vivos estaremos cansados de estar muertos.
Entonces, si los muertos entierran a los muertos, no morirán los vivos, porque estarán alegres de su muerte.
EL SOL
Yo amo el sol humilde de mis primeros años. El sol de mi niñez era un sol aniñado. Un sol que descendía a beber en el pozo, y cargaba de mieles doradas los manzanos. Era un sol fraternal con pupilas de aire. Un sol que acariciaba el vuelo de los pájaros. Era un sol bondadoso que besaba mi piel y andaba con mi sombra. Era un sol franciscano. Un sol que retozaba en todos los racimos, y se bañaba luego en el agua del cántaro.
Era un sol obediente que sólo se asomaba cuando lo requerían las criaturas del campo. Era un sol que poblaba de lumbre las espigas y hacía florecer los rosales del patio. Sol tranquilo y risueño que corría por la grama y que iban paciendo, gozosos, los ganados.
El sol que sale ahora es húmedo y violento. Es un sol de ceniza, quemante y desolado...
Para que mis potencias recobren la alegría soñaré con el sol de mis primeros años.
PAZ
Paz es tener el pan sobre la mesa y el lecho tibio hasta la madrugada; paz es tener la voz esperanzada en todo lo que acaba y lo que empieza.
Paz es tener en todo la certeza y la palabra desamordazada; paz es tener la vida desbordada sobre el amor, la lumbre y la belleza.
Paz es tener la libertad segura, sabiendo que en los campos el labriego tiene la vida; no la sepultura!
Paz es tener la patria liberada del hambre, el crimen y el desasosiego, y sólo por el pueblo custodiada.
ENTERRAD AMIGOS...
In Memoriam O. W.
Enterrad amigos, mi palabra... enterradla en la noche más obscura cuando ya no me quede ni siquiera una lágrima. Pero enterrad, amigos, mi palabra. Enterradla en el sitio más distante, donde sólo la escuchen mariposas sin alas.
Pero también, amigos, enterrad esta flor que llora diariamente en mi solapa. Enterradla cantando. Pero esta, sí, cuando aparezca el alba. Enterrad esta flor. Yo la dejé en la noche y amaneció llorando en mi garganta.
Enterrad esta otra flor... Es una rosa roja y desolada. Se hunde en mi corazón como la aguda forma de una espada... Miradla desde lejos porque agoniza siempre en la distancia.
Enterrad esta rosa para que Wilde retorne con su nueva parábola. Enterrad, amigos, mi palabra... ¡Enterradla en la noche más obscura cuando ya no me quede ni siquiera una lágrima! Enterrala con la rosa roja y desolada, y con esa otra flor que me callo y se calla...
¡Esa flor que no digo, porque agoniza siempre en mi garganta!
MIS PASOS
Como los caminos, mis pasos eran largos. Cumplirán solos su destino. No medirán la lumbre ni la sombra. Avanzarán heroicos y olvidados. No sé adonde. Pero mis pasos no serán vencidos.
Como los caminos, mis pasos no terminarán. Como el olvido, mis pasos serán siempre silenciosos, porque son los caminos. Los caminos que no terminan nunca porque son el olvido.
SINFONÍA DE LAS LUMBRES AUSENTES
Yo oí crecer mis días entre vientos selváticos. En mi voz se acunaron los sonidos salvajes.
Mi padre descendía conmigo al aserrío entre la sinfonía gozosa de los árboles.
Mi madre sufría entonces una leve nostalgia que le daba a su rostro reflejos inefables.
Mis manos de pequeño labrador desgajaban los racimos cargados de lluvias matinales.
En la tierra colmada de recientes semillas anunciaba la noche sus altos renovales.
Cuando llegaba el tiempo de las recolecciones mi garganta se henchía de salmos pastorales.
El pan era en la mesa una tierna parábola que aglutinaba todos los labios fraternales.
Yo fui claro alfarero de vasijas de luna y arquitecto de rostros sobre arcillas solares.
El aire era más puro. Era un aire de vuelos y de rumor oculto entre los colmenares.
A veces el pinar se combaba al impulso de un viento con perfumes de maderas distantes.
Asistí al nacimiento de las cosas más simples, y ví morir las tardes entre coros de arcángeles.
El perro acariciaba mis manos sudorosas. ¡Sus ojos eran pozos de amorosos cristales!
Mis pupilas estáticas como en un espejismo se iban tras la errátil visión de los enjambres.
El véspero esparcía sus verdeantes luces sobre la evaneciente tristeza de los sauces.
El buey de silenciosas mansedumbres araba un hastío infinito de yermos estivales.
Las palomas silvestres descendían a mi oído para arrullar el alba con sus voces cordiales.
Volcaban las cigarras en las cúpulas verdes todo un largo crepúsculo de azules musicales.
Mis manos iban ágiles sobre las mariposas, y el tiempo diluía mi sueño entre azahares.
Y las cometas ebrias con avidez de espacio le abrían a mis ojos caminos rutilantes.
Yo amaba el poderío solemne de las selvas cuando en ellas prendían su luz las tempestades.
Mis ojos padecieron el asombro del rayo y desde aquel entonces es un rayo mi sangre.
Sabían mis silencios que todos los caminos eran prolongaciones de polvo y soledades.
Hoy como un exilado cumplio el ciego designio de un bosque que se queda flotando entre ciudades.
NOCTURNO
Y me ciñó la noche su cíngulo de estrellas. Yo fui el amargo pábulo que se dio a la ceniza. Una extraña yacente que clamaba al olvido su ancestral soledad de tiniebla infinita.
Porque anduve en la tierra con las manos caídas las lluvias me entregaron una sed de desierto. No supe levantar mi corazón al júbilo. Los sagitales rayos cayeron en mis ciegos.
Y célibe en la noche. Casto de albas y lunas, me entregué como un fruto desabrido a la muerte.
SÒLO DE FUEGO
Sólo de fuego. Por la noche herido. Olvido, angustia y estremecimiento. Chacal furioso. Corazón mordido. Blasfemia rota sobre el pavimento.
Sólo de fuego. No desfallecido. Rebelde y solo. Nunca insuficiente. Nada valen los muros. Yo he blandido mi espada de soberbio combatiente.
Sólo de fuego. sé que nada tengo. Que levanto mis manos tormentosas, y ante nada ni nadie me detengo.
Sólo de fuego. Veo la envolvente candela de cenizas azarosas levantar sus infiernos en mi frente. levantar sus infiernos en mi frente.
LLEVO CONMIGO UN RIO
Este rio creció con mis canciones. Anclé en su orilla toda mi tristeza. Son tan mansas sus aguas, que al mirarlas, mi nostalgia siguió corriendo lenta.
Llevo siempre conmigo un hondo rio, y a su orilla un navío que me espera.
CAMINANTE
Por el camino va mi sombra como un árbol caminante. Mis ojos beben lentamente la lumbre verde del paisaje. Ah, si pudiera tener siempre un camino en la sangre! Un camino de sombras amorosas por donde no transite nadie!
AGONÍA DEL TRÁNSITO
Se estremece mi cuerpo humanamente, -polvo a la triste sombra encadenado-; y huye mi sangre dolorosamente por la orilla del barro agonizado.
Este duro destino es persistente grito y sollozo, en rio desatado, será en la muerte, inexorablemente, sueño por la ceniza desplazado.
Por el dolor, -asombro de mi mismo-, se interna el laberinto que levanta la llama alucinante de mi abismo.
¡Oh, llanto oscuro y lento que me embriaga de agonía y pavura, cuando espanta mi corazón el rayo en que se apaga!
LAS MANOS SOLIDARIAS
A mi madre
Me acogieron después de las derrotas. Fueron como vellones rumorosos acunando el cilicio de mis días. Como bosques de paz apaciguaron toda mi fatiga. Fuerona mantel y pan a mi regreso. Destruyeron la noche de mis ojos y me abrieron el hondo cielo puro, -reino absoluto de la Luz-. Desciñeron la veste carcomida que cubría mi cuerpo lacerado. Sus aguas amorosas transformaron mi piel para la vida.
¡Manos solidarias! -Albas de acariciante perla- ¡para mi sueño póstumo!
MI PADRE
Ahora me acompaña la presencia de todas las imágene ausentes:
Mi padre era en la luz un alfarero que soñaba con bosques y relentes; y pulía bajo el sol arcillas puras, y bautizaba arados con su frente. A la hora del véspero silbaba para llamar mi voz adolescente, y dejaba en mis manos sudorosas el dorado esplendor de las simientes.
Padre nio, que ahora vas soñando, un territorio de albas y de bueyes; de frutos madurados por el viento, y curvados sobre aguas transparenes. Sueñas con la estación de los maizales cuando se quiebran entre lanzas verdes; y cuando la mañana a las espigas con su invasión de pájaros desciende.
PALABRAS
1
Lo que amé no retorna. Sólo retorna a mí esta palabra: olvido! Envolvente silencio crepita ciegamente despoblando mi sangre. Evacuándola. Como un dédalo amargo copiando el eco agudo del salobre sonido huracanado.
2
Medí la noche con mis ojos y la ví tan pequeña! Tanta soledad y sombra invadiéndome! A mi que soy toda la sombra! Que soy la soledad del mundo sobre la cruz andante que me lleva, y me trae, y me pone a volar en la ceniza!
3
De paso regreso quemante en el olvido. Me voy por el camino que huracanó la roca de mi muerte. Soledad vertical que invade la ceniza de mis días.
4
Cuando anduve cantando por tu piel picoteó la muertte mi garganta. Una estación amarillenta golpeó mi palabra contra el muro callado que me tendió la mano del olvido.
5
¿Verdad, palabra mia, que nunca estaré solo? ¿Verdad que en este otoño se caerá mi corazón como un turbio racimo hacia la muerte? Sangre mia, ¿es cierto que cantarás conmigo en esta noche? ¿Verdad, potencias mías, que ya no estaré solo?
6
Aquí estoy, y nadie sabe que hace tiempo me fui de estas palabras!
LLORAR COMO EN LA INFANCIA
Yo quisiera llorar como en la infancia. Sentir que el llanto lentamente me desdibuje en nieblas las miradas. Escribir otra vez en los cuadernos el bello nombre de una colegiala. Llorar porque los días cierran sobre la tarde una ventana. Esa ventana que soñara siempre abierta por las manos que yo amaba.
Volver sobre las cosas a trafés del silencio y de las lágrimas. Dejar caer sobre una flor la triste soledad de una palabra; y esperar en la noche un ensueño de aromas para el alba.
Yo quisiera llorar como cuando era niño... Llorar porque mi madre me hablaba de caminos y nostalgias; llorar porque mi padre me decía que era más triste el corazón que el alma; porque mis hermanitas iban solas y descalzas; y porque todo era más triste; más triste la esperanza: más triste el corazón adolescente; y más triste la luz en las miradas.
Hoy veo todo mucho más doloroso que en la infancia. No importa que la vida me cobre cara a cara una triste moneda de antiguas agonías.
Ahora sólo quiero llorar como en los días de la infancia...!
TIERRA YERMA
Tierra de sordidez en que me pierdo con la mirada ferozmente larga. Tierra sin labradores, tierra amarga, en donde cardos rencorosos muerdo.
Tierra de soledad donde el recuerdo en espirales grises se aletarga. Tierra baldía y dura que descarga el odio de Caín en mi hombro izquierdo. Tierra de tres eternos habitantes: Tierra de tres eternos habitantes: Sísifo, Job y yo. –Lastres errantes-. Hibridos de dolor y espuria suerte.
Tierra de azar para la desventura, donde aran mis uñas una oscura tumba de oprobio cruel para mi muerte.
RETORNO Y ELEGÍA
I
Los sitios de mi niñez hoy son muros de tristeza.
Alas de pájaros ciegos rondan las enredaderas.
Hasta el huerto ya no llegan rútilos coros de abejas.
En el jardín ya no esparce su aroma la primavera.
En el lago ya no esconden su vendimia las estrellas,
ni proyectan sus fugaces arcoiris las libélulas.
Junto al hogar ya no fluye la tenue voz de la abuela;
y mi padre tiene toda la ceguedad de la tierra.
II
¿Que viento terrible empuja mi voz hacia la tiniebla?
Sólo ante la lejanía el recuerdo es llama trémula...
(¡Mi corazón tiene ahora la soledad de la piedra!)
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