StartseitePoetasPoetas del tiempo clásicoRafael E. Macía Macías

Nació en Salamina el 11 de marzo de 1866 y murió en su ciudad natal el 30 de julio de 1939.
Ocupó cargos importantes en Salamina; fue alcade de Medellín.
Fue considerado por muchos como un Quevedo criollo.

Poesías en esta página:


BOLÍVAR EN EL CHIMBORAZO; RAZA ANTIOQUEñA; CAMAFEO; LA PULGA; CÍRCULO VICIOSO; LOS POETAS SE HACEN; TÁNTALO; VERANO DE UNA GOLONDRINA; LUCHA DE CLASES; SONETO; MI CHALECO.
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BOLIVAR EN EL CHIMBORAZO

¡Oh redentor, oh Padre Bolívar: en la altura
mi mente te contempla del albo Chimborazo:
no alcanzan los cóndores allá donde tu brazo
extiéndese y domina la frágida llanura!

¿Qué inspiración del genio tu rostro transfigura?
¿Por qué cual sol irradias y en luminoso abrazo
envuelves a Colombia la grande, y un retazo
del cielo de los libres destaca tu figura?

¡Tabor inmaculado que “el sol de la victoria”
irisa en las alturas! Olímpico sagrario
que guardas de Bolívar el fuego de su gloria,

¿por qué no lo envolviste por siempre en tu sudario?
O en horrísono trueno, nuestra ingrata memoria
lanzaste a los espacios al verlo en el Calvario?...

RAZA ANTIOQUEÑA

Al través de la selva enmarañada
va un grupo de jayanes antioqueñoas
al azar, sudorosos y risueños,
abatiendo, a su paso, la enramada.

Los bueyes, por la senda improvisada,
pacientes, tras la zapa de sus dueños,
van salvando torrentes y despeños
y mordiendo la yerba embalsamada.

En un claro del bosque, agreste tienda
se alza, y el humo despoblando nidos,
asciende lento como pura ofrenda.

Refocilados, quédanse dormidos,
mientras la hoguera y el mat´n son prenda
de que no habrá felinos atrevidos.

II

Las aves los despiertan: la candela,
medio apagada, surge nuevamente,
y a poco, entre una olleta efervescente,
burujea el chocolate con canela.

Ya en camino, del sol la ígnea rodela
-lumbre y brújula al par- se alza en oriente,
e infunde brío a la animosa gente
que avanza sin temor y con cautela.

Días después, tras faena larga y dura
plantan su tienda en una hermosa vega
al pie de un cerro cónico, impotente.

Se sueñan socolando en la espesura,
y cuando el oro de la aurora llega,
saltan del lecho diligentemente.

III

Mientras que hierve el líquido fragante
de llamas entre fúlgido destello,
ya la herramienta casi “baja vello”
y se afirma en sus cabos resonante.

Después del desayuno, va adelante
el patrón y, trochando, tiende el cuello,
suspendiendo a momentos el resuello,
en busca de una linfa autoparlante.

¡Agua!, gritan... y a poco las cañadas
reüiten el tronar de la derriba
los ecos, rechazados por las breñas,

mientras al Ruiz lo irisan las miradas
del sol naciente que, glorioso, criba
con sus rayos las hachas antioqueñas.

CAMAFEO

En vez de paz, como su nombre ofrece,
¡guerra! gritan sus labios; al fin rojos!,
y al abrir o cerrar sus lindos ojos,
es de día en el alma o anochece.

Su sonrisa fascina o enloquece:
múrice y perlas... gloria! y sus sonrojos
afrentan los del alba; son manojos
de un rosal de Sarón cuando florece.

Quisiera colocar una corona
sobre su cien, de flores purpurinas,
pero ella, compasiva, la perdona.

Yo tenía un rosal, pero está en ruinas,
y esa frente impoluta de madona
no debe coronarse con espinas!