Nace en Salamina en 1942. Terminó sus estudios de Derecho en la Universidad Libre en Bogotá. Profesor universitario.
Poesías en esta página:
EL BARRO VIBRANTE; CUANDO POR MI TE PREGUNTEN; EL ANAFRODITA. **********
EL BARRO VIBRANTE
Hoy la vida. Y la Herida. Y los antojos.
Y mañana estas manos, y mañana estos ojos serán espuma de olas y sarmientos cansados.
Y estos ojos abiertos de banderas, ojos de brio, ojos de luz, no verán primaveras, ni cantarán la sed de las esperas debajo de una cruz.
Y esta manos inmensas y estos ojos intensos no ahorcarán el tedio con las trenzas ni trazarán la paz con los inciensos.
Pero ahora estos ojos y estas manos no son aún abrojos ni despojos humanos.
Hoy cabe en estas manos una cabeza de mujer hermosa. Y estos ojos humanos pueden saciar la sed de los veranos en el cándido cáliz de una rosa.
Y en una mariposa pueden adivinar un beso arcano que vine de un país lejano desde los labios de una dioa.
Estos ojos de jade y estos labios de sed gozan de dicha cruel que los invade desde la poma invicta de unos senos de miel.
Hoy la Vid. Y mañana...
Oh la vida vivida sin prisa de llegar a la liviana quietud adormecida...
Estos ojos de hielo y estas m de amor construyen cerca el cielo contra el tirano soplo del dolor.
Y mañana cerrando el libro de la vida vana olvidaré este hoy.
Y sabré que finado el camino está yerto mi vino y barro simle soy.
CUANDO POR MI TE PREGUNTEN
Si por mi te preguntan mira a lo lejos sin decirles nada...
El aire estará pálido como una tarde con palomas blancas, y el sol desgranará sobre los campos su cosecha de llamas. Tu cintura redonda será como una luna en la alborada; tendrá tu paso azul ritmo de cuna y un camino de miel bajo tu planta.
Mivoz tendrá la longitud de un sueño, y no hallará mi nombre tu esperanza...
Sacarás del olvido mi recuerdo lo mismo que se saca del fondo del arcón la bandera empolvada, o como una cinta donde ya se ha secado el perfume paciente de las lágrimas.
Pensarás en mi vida de marino vencido por la tierra y las montañas, extraviado en ciudades, comulgando la brisa cotidiana, atado a la enemiga bahía de tus brazos por un amor inútil y un deseo sin anclas:
Marino entierra firme, muerto lejos del mar y de las algas...
Y mirarás tus manos donde mis manos tristes reposaban la despierta fatiga de las calles y el extenso rencor de las batallas, la sal de los caminos siempre ciegos, y la perenne hiel de las palabras.
Muy silenciosamente golpeará mi nombre a las puertas de tu alma, y ya para más nunca van a salir a abrirme tus ojos pensativos borrachos de distancia.
Recordarás -¡quién sabe!- que mi mano anarquista y gitana le limpiaba los ojos al paisaje manchado pr el humo de las fábricas.
Recordarás acaso que en tu oído mi boca desgranaba un evangelio azul de eternidades amorosas y dulces como un nido temblando entre las ramas...
Que mi amor te quería como un niño a quien le falta cuna para arrullar sus adas, y una mano que enrede en sus cabellos la caricia infalible de las manos amadas...
Si estoy vivo y lejano pensarás un camino con estrellas amrgas. Sabrás que entre mis ojos aquella antigua fiebre solo sostine ahora la anemia de su llama, y que bajo mis pasos crrece el mundo igual que en la solapa una flor trágica...
Si me morí de amarte y olvidartte, de no tenerte y de mirarte extraña, envolverás mi nombrre en tu suspiro para cambiarlo en flor y darle alas.
Caída la cabeza hacia la tierra por donde huyó mi última jornada musitarás, como quien recuerda una historia lejana:
Era apenas un hombre, y ya se me olvidaron sus palabras...
EL ANAFRODITA
Sátiro o anafrodita yo jamás me sentí normal. Habitador de urbe maldita fui fiel siempre a la cita de mi pedado original.
En redomas de muelle tacto bebí láctea placidez mientras el hábil sexo exacto sangraba el sexo intacto con una cruenta avidez.
En los abrazos abismales supe extasiar tanta osadía que los reflejos matinales avergonzaron saturnales que edificaba mi agonía.
Y otras mujeres soledosas y espirituosas como el vino me besaron diciéndome cosas y consolando generosas su propio mísero destino.
Un día abrí mis manos claras ebrias de copas nocturnas, y silencié las algazaras; mis horas grotescas y raras fuéronse haciendo taciturnas...
La hendida pezuña agresiva desvió sus caminos de fuego y quiso andar hacia arriba, pero la gracia esquiva desatendió mi ruego.
Y aquilatada la pasión en su equilibrio de quimeras destituyó la rebelión y saturó mi corazón con luz de castas primaveras.
Carne sellada con cilicios y con silencios elocuentes, no fueron ya rojos mis vicios, ni mis insomnes precipicios ni mis palabras profirientes.
El potro rojo a sus ejidos, el potro negro a sus cañadas; descabalgué mis blancos nidos, dejé sin fuego los latidos y las hembras despetaladas...
Traje mis manos a mi mismo y las cerré sobre el vacío, sin oprimir senos de sismo ni acariciar el paroxismo del flanco que antes fuera mio...
Ahora el silencio se remansa, se hace quietud el beso, y se adormese la esperanza en una paz que ya no alcanza a conmover ningún exceso. |