Nació en Salamina el 5 de noviembre de 1865. Murió en Anolaima el 12 de enero de 1915. En junio de 1974 se transladaron sus resto a Salamina.
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AL TRABAJO **********
AL TRABAJO
Hosanna en las alturas y en la tierra a ti, ley redentora del trabajo, fuerza descubridora, ley divina, poder de un Dios, que de la nada crea, generadora llama de la idea, que llevas del progreso por las vías al espíritu humano, y en la clave manual del pensamiento, le prestas soberano poder de ilimitada inspiración. Fuerza intuitiva que al insecto impeles, al átomo, a los astros... Al mineral, al viento, al alma inteligencia por el ámbito de una luz sideral indefinida que empieza en el espacio.
Fue la primer necesidad, la chispa que impulsó de la vida el movimiento, y el fuego del espíritu creador; a en el deseo y la esperanza el hombre buscó a la providencia del trabajo. Y halló a su pensamiento la expresión material del adelanto. Y la halló sobre el hierro, sobre el bronce, en la piedra, en la luz, en el sonido, en la planta, en las nubes, en el fuego, en el humo, en la arena, en el vapor. Y una vez en la senda del progreso infatigable, ansioso en gestaciones dolorosas creó. Y hoy levanta la piedra en monumentos, como diques al curso de los años, a la arcilla transforma en edificio, da voz al mineral, domina al rayo, mejora al vegetal, lo multiplica, al erial en campiña, el desierto en ciudad, la arena en mármol, la misma muerte en vida como si fuera Dios. Elimina el vacío en las distancias, esclaviza la luz, rige, sojuzga la ajena voluntad al magnetismo; y al través de la mágica linterna de la retina, anatemiza el alma. Mide en las pulsaciones de la arteria las horas de la vida, y en la estructura material del cráneo escudriña la más leve intención, y en pugilato con el hierro, vence, describiendo en el fuego sobre el yunque, la victoria del genio pensador. Lamina el mármol, elastiza el bronce, y hace al oscuro insecto miserable, al mecanismo informe colaborador de su obra, transformando en riquísimas telas la morera, al amianto, el algodón. Hila el vidrio en tejidos impalpables, extra de la hulla el secreto solar de muchos siglos, de una gota de agua prisionera, y arrastra y desenvuelve en el vacío la poderosa fuerza del vapor. Se equilibra en el éter con el lastre de un puñado de arena. Sobre un corcho flotante desafía del mar las tempestades; horada el ancho seno de la tierra, perfora las montañas, une los continentes, prolonga los estuarios de las aguas, espacia inmensas rutas al comercio, a las artes, a la ciencia, a la industria; cual divino "fiat-lux" de redención. Arrebata el secreto a lo insondable, fijando en el teléfono el sonido; coge al paso el fulgor de la mirada de una plancha en el vago negativo, sustrayendo al olvido y a los años la sombra de la vida, de la luz en un tenue resplandor. Transmite como el rayo la palabra que timbra vencedora sobre el orbe, de la imprenta en la voz. Encadena la nota fugitiva, que vaga indefinida sobre e viento sin alterar de su instantánea forma la original concisa vibración; y con ella reviste al pensamiento con las normas de todas las pasiones, dialecto universal de sensaciones, gráfica melodía, profunda relación del sentimiento que lo eleva hasta Dios resuelve con diez mudos caracteres el espacio, la faz del infinito; deshace las entrañas del granito las aguas desnivela tras la cuna del oro y del diamante y en el Yuri de momia polvorosa desenvuelve el sudario a las edades, y lee en sus elocuentes jeroglíficos desconocidos Génesis que muestran del pasado la típica versión. Mide el ritmo lejano de la estrella, y al péndulo su vida relaciona y suspende del tiempo la carrera en el círculo estrecho del reloj. Y apoyado al cristal de un telescopio mira a lo alto su noble inteligencia, y venciendo a la ciencia sorprende en el concierto de los astros su forma, su camino y rotación. Y a fuerza de luchar halla en la alquimia el ansiado secreto del planeta, hace el vacío y al vacío reta y una luz el vacío generó. Y egregio vencedor de su destino paladín invencible del progreso como Dios ha creado imprimiendo a las artes y a las ciencias al adormido germen de la vida, al verbo estacionario de la idea dinámica impulsión. ¡Salve ley redentora del trabajo! ¡Mil veces salve, institución divina! Tú no eres maldición de la existencia de tu yugo manual inevitable, libre al fin el obrero, llega un día el fruto a recoger de su labor, a entregarse al altar del pensamiento a los secretos éxtasis del alma que ascienden progresivas sensaciones de lo inmortal y de lo ignoto en pos.
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