StartseitePoetasPoetas del tiempo clásicoJorge S. Robledo

Nace en Salamina en el año 1886 y muere a la edad de 74 años en Medellín.

Poesías en esta página:

SANGRE INDÍGENA; ALMOHADA MIA.
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SANGRE INDÍGENA

I

De mi sangre en los recios oleajes
siento el alma ancestral de mis mayores,
cuando ante miles de conquistadores
se enfrentaba un puñado de salvajes.

Detesto los serviles homenajes
de las ciudades, y odio sus rumores,
y quisiera unos bárbarosamores
en la interioridad de los boscajes.

Guiarme tan sólo por astrales luces,
beber el agua al torrental, de bruces,
cual mi abuelo y señor Quimuinchatecha;

al ver a un blanco, requerir la aljaba,
y con delicia ver cómo se clava
sobre su extraño corazón mi flecha.

II

Ver que a todos domina mi nobleza,
vivir en guerra abierta con el Zipa
y acatar al consejo de la pipa
por los que tienen blanca la cabeza.

Mostrarles, cual señal de mi destreza,
todo el botín que mi caney equipa,
y ver que cada anciano se anticipa
a proclamarme rey por la fiereza.

Dormir después, en perezosa cala,
a la sombra voluble de una palma,
sobre la blonda piel de una pantera,

y mientras sueño con mi gran tesoro
sentir caer los dátiles de oro
sobre mi faz tatuada y altanera.

III

Por entre el montañoso laberinto
ir persiguiendo ciervos y jaguares,
afrontando –valiente- los aares
que me señale mi sagaz instinto.

al tambo regresar, en sangre tinto,
oyendo ya los últimos piares
de las aves, que buscan sus hogares
a la postrera luz de un sol extinto.

Que una salvaje, de pupilas bellas,
salga a mi encuentro –pues se siente ansiada-
sobre el felpado lomo de un bisonte;

y dormir con la cara a las estrellas,
entre el ronco fragor de la cascada
y las orquestas bárbaras del monte.

IV

Construir on mi mano una piragua
de contornos graciosos y ligeros
e ir a sestear sobrre ella en los esteros,
donde es más noble y perezosa el agua.

En las conquistas que mi vida fragua
robar miel al panal, al río meros,
presa a los tigres, oro a los veneros
y al encumbrado jachalí su jagua.

Y que al llegar al posterior asalto
de la muerte, sin miedos ni dolores
ver que se escapa, al fin, mi vida breve,

dejando el cuerpo en un peñón muy alto
para que lo abaniquen los condores
y lo conserve, con amor, la nieve.

ALMOHADA MIA

Almohada mía, confidente amigo,
refugio de tantos dolores y ensueños,
de mis esperanzas y de mis empeños
único testigo;

íontimo regazo, maternal abrigo,
nido en que mis sueños
trenzan y destrenzan sus hilos sedeños
en las negras horas del tedio enemigo.

Cuna misteriosa del olvido; gruta
en donde el recuerdo, como una voluta,
cierra su espiral;

Almohada mía, cuando yo me muera,
sé suave con esta cabeza altanera,
asilo de tanto pecado mortal.