Nace en Salamina el 31 de julio de 1908. En 1933 se graduó de doctor en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional, en Bogotá.
Poesías en esta página:
EL MACHADOR DE PIEDRA; ELEGÍA A LA MUERTE DE UNA ABEJA; PLEGARIA NOCTURNA. ********** EL MACHADOR DE PIEDRA
A rítmicos golpes rompiendo la piedra -buzo en pos del alma que en la roca medra- el picapedrero deshace los cantos con ciego, obstinado redoble tenaz. Cual forja resopla su ronca garganta y el martillo canta llevando el compás: Tas, tas, tas, tas. Y el pulso en la sangre, oleaje que estalla, y el sol que restella, lo hacen jadear. (-Alma de la piedra: ¿serás un diamante? ¿Eres perla, acaso? Dime dónde estás!) Con infatigable, rudo movimiento a las hoscas piedras, bajo el sol violento, abre las entrañas con fiero golpear El sol meridiano, un sol que rescalda, le mete las uñas por el agujero del viejo sombrero; con foetes de fuego le azota la espalda e incendia su torso de cobre y acero. (-Alma de la piedra: díme dónde estás!) Tas, tas, tas, tas... El corazón busca de la roca dura: alma luminosa, cristalina, pura que en la oscura entraña de la roca yace. Músculos de caucho, pulso de planeta ascienden y bajan con ritmo sonoro; no pára el martillo su eterno compás, ni pulso y jadeo que suenan en coro: Tas, tas, tas, tas... Repentinamente, como bajo el golpe de su maravilla detiene el obrero su duro golpear... Al fin halló el alma: mirad cómo brilla y qué luz alegre la hace cintilar! El sudor su rostro bronceado baña; absorto, callado, mira atentamente: observa la chispa que fulge en la entraña de la piedra rota... Mirad cómo brilla...! ¿Es claro diamante? ¿Es pálida perla? ...Una gota ardiente soltó su mejilla!
ELEGÍA A LA MUERTE DE UNA ABEJA
Se le ha muerto a la escala musical un sonido, un galán a la rosa, una gota al panal, al telar de la brisa se le ha perdido un hilo su rubia lanzadera de miel no vuela más.
Cuando la abeja reina esté llamando a lista habrá un breve silencio en su cortejo real, pero los fieles cirios, memorando sus alas, tibias gotas de cera por ella llorarán.
PLEGARIA NOCTURNA
Noche, noche, coro de astros, oye mi voz; noche, noche, urna de ensueños, guarda mi corazón.
Quítame el mundo, tus velos en derredor, para que en tu augusto seno un lucero sea yo. Daré ardiendo en el abismo rara fulguración con el fuego nuevo de mi pena y la luz del amor.
Noche, noche, coro de silencios, oye mi voz; noche, noche, urna de infinitos, guarda mi corazón. |